martes, 13 de mayo de 2008

Para los microbuseros con... cariño... ja, ja, ja.

Como todo buen peruano misio, uno humildemente recorre las calles limeñas en el popular microbús, bueno ahora se les nombre de varias formas, estos nombres pueden variar en el tamaño, marca o idiotes del conductor. Están las "custer", "combi", "micro", entre otras más "duras" que no mencionar por respeto al público.

En esas batallas, perdón, viajes que uno se pega para poder movilizarse es imposible perderte de todo un espectáculo digno de ver, paso a relatar mis largos e interminables viajes...

Salgo temprano con dirección a mi trabajo.
Punto de Partida: Distrito de San Miguel, cruce de las avenidas Faucett con la Marina.
Punto de Llegada: Distrito de San Borja, altura de Aviación con Javier Prado.
Tiempo del recorrido: indefinido, depende del animo del conductor, el trafico que hay, la velocidad del carro, la forma de reclamar de los pasajeros, la terquedad del conductor por estar en cada semáforo en rojo, y otras variables que seguro ustedes conocerán a la perfección.

En el camino, voy rezando mi rosario, una vez terminado o escucho música o leo un libro o periódico, depende del animo en el que este, jajaja.
Después de media hora en el carro uno ya comienza a sentir los primeros síntomas de incomodidad e intranquilidad, pues el bendito vehículo no ha avanzado casi nada desde los últimos 10 minutos. Cuando menos te das cuenta ya estas en medio de una maraña de carros entrelazados entre si, tratando de escapar de desenredarse de todo ese atolladero que se ha formado, comienzan a sonar las bocinas desesperadamente tratando de hacer que el carro del costado, perdón, que el carro que esta prácticamente metido entre tu auto y el del costado en una especie de contorsionismo metálico que mejor no contar (por una cuestión de respeto a los lectores).
Pasando los 40 minutos, uno comienza a desesperarse pues no avanzas nada, sigues en el mismo sitio o de lo contrario solo has avanzado unos cuantos metros. Uno se acuerda del alcalde, de los policías, de las madres de los otros conductores (sobre todo de los microbuseros), etc.
Después comienzan los cantos (misma opera que habla de la tragedia de alguien) a manera desaforada soltado varios "do de pecho" simulado claramente un grito, perdón varios gritos, se escuchan los nombres de las distintas madres de aquellos que se interponen magistralmente en el camino, es todo un derroche de cultura.
Después de toda esta "obra" se continua con el viaje, es que no en todo el camino sucede esto, sino en algunas partes del camino (¡gracias a Dios!), pero faltan las cosas que suceden dentro del carro, eso es otro cantar.
El cobrador piensa que su micro es de tamaño del Titanic y hace subir a la gente hasta puntos incapaces de creer, uno aprende ciertamente a ser de "goma" para poder entrar, también tienen sus frases celebres, estas son: "Al fondo hay sitio", "Al fondo entrar 5" (cuando solo entran 4 y tienen que ser personas delgadas porque sino...), "Varón no me obstruyas el camino", "me estas quitando gente, siéntate", entre otras... pero no si ellos no se dan cuenta de que su micro ya esta lleno y que la gente ya no puede entrar más, pero ellos siguen metiendo gente, a veces no entiendo porque la gente sigue entrando al micro al verlo tan lleno, creo que es una cuestión cultural o la gente no se respeta porque otra cosa no entiendo, felizmente tengo la suerte que donde tomo el micro totovía hay espacio, pero si veo que no hay espacio ni subo.
¡Ahh! Me olvidaba... el momento "glorioso" para el cobrador, cobrar el pasaje... no se para que tienen tantos tarifarios pegados, nunca los respetan, tienen su propio tarifario grabado en su cabeza y además es variable se puede modificar dependiendo de como te vistes, a donde vas, cuantas cuadras vas a bajar demás, que se yo, aún no he preguntado su plan tarifario o su esquema de cotización de tarifas, porque para cobrar lo que quieren nadie les gana. Ahora, también hay que recalcar que hay gente que no les cree nada y también ponen su propio tarifario, hay de todo en la viña del Señor. Hoy me gané con una cachetada a un cobrador, creo que para que la señora muy mortificada ella, indefensa, frágil... ja, ja, ja!!! Le haya dado una cachetada se la debió haber ganado, pues hay cada insolente, conchudo, malcriado que no respetan a la gente a veces dan ganas de sacarles la m... pero también hay los buena gente, los bacanes, los olvidadizos, los idiotas, como dije antes, hay de todo en la viña del Señor.
Cuando ya ha terminado tu recorrido, viene el dilema de la bajada, a veces paran en donde les dices, a veces se siguen de largo y se ganan una gritada, otros te mienten diciendo: "ese no es paradero autorizado", si paran donde quieren para recoger y van a parar para que bajen, es el colmo. Llegado a tu punto de bajada, cuando te dispones a bajar los cobradores se ponen en plena puerta, suponiendo que no interrumpen el paso, obstaculizando tu bajada, encima el chofer si no se da cuenta avanza, es toda una ceremonia.
Después de bajar el micro, vez tu travesía terminada y te vas preparando para la travesía de regreso.
Esto es en resumidas lo que es viajar en micro en lima. Todo un acto de ofrecimiento y ejercicio acético único.
A todo esto solo me queda decir... ¡VIVA EL PERÚ!

PD: Solo aquí pueden suceder estas cosas...